Un viejo violín, maltrecho y golpeado… ¡No vale la pena!, pensó el subastador. Lo alzó, sin embargo, con una sonrisa, por si acaso surgía algún comprador. ¿Cuánto me dan por él, señores? ¿Quién hará la primera oferta? ¿Diez solamente?… ¡Veinte por aquí! ¿No hay quién pague treinta? Treinta a la una… treinta a las dos… ¡señores, la oferta llega a su fin…! De repente se acercó un hombre mayor y tomó en sus manos arco y violín. Limpió el polvo del viejo instrumento. Tensó las cuerdas y comenzó a tocar una melodía dulcísima, de esas que atrapan y tienen virtud de extasiarnos. Cesó la música y el subastador, alzando el violín, dijo esta vez con voz suave y profunda: ¿Y ahora, señores, cuánto me ofrecen? ¿Quién hará una oferta? ¡Mil!… ¿Quién me ofrece dos? Dos mil… ¡en tres lo liquido! Tres mil a la una… tres mil a las dos… ¡en tres mil queda vendido! Se oyeron aplausos, pero algunos decían: ¿A qué viene esto?, ¿qué le dió tanta valía? El toque del Maestro. Al igual que aquel viejo violín, destemplado por la vida y el pecado, más de un alma golpeada y maltrecha se remata a precio rebajado. Mas el mundo ignorante no entiende cuán alto es el precio de un alma, ni la transformación que en ella se obra cuando el Maestro llega a tocarla. ¡Oh, Maestro!, destemplado estoy. Pon Tu mano sobre mí. ¡Que tu toque haga vibrar mi corazón con una melodía para Ti!
El primer propósito en la vida debería ser agradar a Dios con tu vida, vivir para complacerlo. La biblia dice: que por su amor Dios ha dispuesto que mediante Jesucristo seamos sus hijos, ese fue su propósito y voluntad. Dios también se aflige, se enoja y se pone celoso; se conmueve y siente compasión, lástima y tristeza, así como también alegría, júbilo y satisfacción. Dios ama, se deleita... La biblia dice: que él se complace en los que lo adoran y en los que confían en su amor. Jesús dijo que su padre busca que lo adoren. Y para muchos de las personas la adoración es sinónimo de música. La adoración no tiene que ver con el estilo, volumen, o ritmo de una canción. La adoración no es para ti... ¡Es para Dios! Se nos dice que debemos adorarlo continuamente y alabarlo, ¡desde el amanecer hasta que el sol se ponga! David dijo: bendeciré al Señor en todo tiempo; mis labios siempre lo alabarán. Recuerda siempre adorar a Dios con todo tu corazón. Dios te bendiga Cristo te ama...

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