El toque del Maestro.


El toque del Maestro.

Un viejo violín, maltrecho y golpeado… ¡No vale la pena!, pensó el subastador. Lo alzó, sin embargo, con una sonrisa, por si acaso surgía algún comprador. ¿Cuánto me dan por él, señores? ¿Quién hará la primera oferta? ¿Diez solamente?… ¡Veinte por aquí! ¿No hay quién pague treinta? Treinta a la una… treinta a las dos… ¡señores, la oferta llega a su fin…! De repente se acercó un hombre mayor y tomó en sus manos arco y violín. Limpió el polvo del viejo instrumento. Tensó las cuerdas y comenzó a tocar una melodía dulcísima, de esas que atrapan y tienen virtud de extasiarnos. Cesó la música y el subastador, alzando el violín, dijo esta vez con voz suave y profunda: ¿Y ahora, señores, cuánto me ofrecen? ¿Quién hará una oferta? ¡Mil!… ¿Quién me ofrece dos? Dos mil… ¡en tres lo liquido! Tres mil a la una… tres mil a las dos… ¡en tres mil queda vendido! Se oyeron aplausos, pero algunos decían: ¿A qué viene esto?, ¿qué le dió tanta valía? El toque del Maestro. Al igual que aquel viejo violín, destemplado por la vida y el pecado, más de un alma golpeada y maltrecha se remata a precio rebajado. Mas el mundo ignorante no entiende cuán alto es el precio de un alma, ni la transformación que en ella se obra cuando el Maestro llega a tocarla. ¡Oh, Maestro!, destemplado estoy. Pon Tu mano sobre mí. ¡Que tu toque haga vibrar mi corazón con una melodía para Ti!





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